Historia de Culiacán

A él se le debe el diseño y construcción de la plazuela Antonio Rosales, además de varios edificios del entorno, como son los actuales recintos del Instituto Sinaloense del Deporte, Centro de Idiomas, Casa de la Cultura de Universidad Autónoma de Sinaloa y la planta baja del edificio central de dicha institución educativa.

Su genio arquitectónico también se puede apreciar en la iglesia del Santuario o del Sagrado Corazón de Jesús, en el actual recinto de la Universidad Casablanca y en el Mercado Garmendia, que por cierto, este último lo inicio pero por causa del movimiento armado dejó inconcluso.

Otra obra fue la Cárcel Pública (derrumbada en los 70´s del siglo XX).

Uno de los problemas más añejos que enfrentaba la ciudad era la carencia de servicio básico de agua potable, razón por la que el suministro del vital líquido se hacía a través del acarreo en burro desde el río.

El drenaje era un servicio casi ausente en la ciudad, solo algunos edificios importantes usaban ductos para descargar las aguas usadas al río Tamazula, panorama que se modificó a partir de 1890 al construirse los primeros caños que ligaron las calles recolectando las aguas negras, que sin tratamiento continuaron siendo vertidas a la corriente del río.

En 1894, Carlos Escobar dio inicio al servicio de energía eléctrica y alumbrado público, pero ante problemas técnicas y administrativas con la empresa, el Ayuntamiento tuvo que contratar en 1906 los servicios de The Electric Company, una empresa de San Francisco, California.

Para atender los problemas de salud pública que se suscitaban por las malas condiciones de insalubridad e higiene, y a iniciativa del obispo Jesús María Uriarte y Pérez se construyó (1880-1887) el Hospital del Carmen, nosocomio que debe su nombre a doña Carmen Amador, una de sus más fervientes impulsoras.

La siguiente ola modernizadora del municipio vendría en los años cuarenta del siglo XX, y se inició con la construcción de la presa de Sanalona (1939) y continúo con la edificación las grandes obras hidráulicas de Adolfo López Mateos (1958), José López Portillo y Pacheco (1981) y Juan Guerrero Alcocer (1992), que permite practicar una agricultura moderna y de riego, con un sector especializado a la exportación principalmente de legumbres y frutas.